BABY B convierte la melancolía cotidiana en pop de ensueño

Desde Manchester, BABY B ha ido construyendo una propuesta que se mueve entre el indie pop, el shoegaze y el dream pop, con una sensibilidad especialmente atenta a esas pequeñas situaciones que pueden parecer insignificantes hasta que terminan convirtiéndose en una forma de entender el mundo. Su música parte de lo cotidiano para hablar de soledad, relaciones, expectativas, inseguridades y del desconcierto que acompaña a hacerse mayor.
Hay algo especialmente reconocible en la manera en que BABY B aborda estos temas. Su escritura no intenta esconder las partes menos bonitas de la experiencia personal, sino que las convierte en materia prima para sus canciones. El resultado es una combinación de melodías cuidadas, atmósferas envolventes y una voz que aporta personalidad a un sonido que puede resultar dulce en la superficie, pero que suele esconder una lectura bastante más incómoda.
Su propuesta se apoya precisamente en ese contraste. BABY B habla de cosas que pueden resultar dolorosas o absurdas desde un lugar que no renuncia a la belleza. Las canciones pueden sonar luminosas, delicadas o incluso soñadoras mientras cuentan historias de desencanto, de sentirse fuera de lugar o de descubrir que la realidad no siempre se parece a lo que habíamos imaginado. Esa tensión entre lo bonito y lo desagradable está muy presente en su identidad artística y se convierte en uno de los elementos que mejor definen su universo.
También existe una actitud muy ligada a su procedencia. Esa llamada “northern attitude” forma parte de su manera de presentarse y de relacionarse con la música. Hay cierta franqueza en sus letras y una voluntad de no suavizar demasiado aquello que quiere contar. En lugar de convertir las emociones difíciles en grandes declaraciones, BABY B parece más interesada en observarlas de cerca y encontrarles un espacio dentro de canciones pop que mantienen una fuerte conexión con la sensibilidad alternativa británica.
Dentro de ese universo aparece “SAD HAPPY BIRTHDAY”, una colaboración con la artista noruega Elsie Bay que funciona como una buena muestra de su capacidad para transformar una experiencia aparentemente trivial en una canción reconocible para cualquiera. El cumpleaños se convierte aquí en una excusa para hablar de expectativas, ausencias y pequeñas decepciones. La persona que no aparece, el mensaje que nunca llega, el detalle que esperabas y no sucede o incluso la sensación de que nadie ha prestado demasiada atención terminan formando parte de una historia mucho más universal.
La canción fue escrita durante una sesión de composición íntegramente femenina en Estocolmo junto a Phoebe Ryan, Alex O’Shaughnessy y Luz. La colaboración con Elsie Bay amplía además el universo de BABY B hacia una dimensión más internacional, conectando dos sensibilidades que comparten una manera muy contemporánea de entender el pop alternativo.
Pero más allá de una canción concreta, lo interesante de BABY B está en la coherencia de su propuesta. Su música encuentra un equilibrio entre la estética dream pop y una escritura mucho más directa, utilizando sonidos envolventes para hablar de sentimientos que rara vez resultan tan etéreos. Esa combinación permite que sus canciones puedan convivir tanto con la intimidad del dormitorio como con una escena alternativa más amplia, sin perder una personalidad propia.
Sus referencias también ayudan a situar su propuesta dentro de una generación de artistas que entiende el pop desde un lugar cada vez más permeable. Nombres como Clairo, Hatchie o Pixie McCann aparecen como puntos de conexión, pero BABY B incorpora esos códigos desde una perspectiva propia, marcada por su voz, su sentido del humor y una mirada particularmente honesta hacia las contradicciones de la vida cotidiana.
Convertir las malas decisiones en canciones de indie y dream pop puede parecer una premisa sencilla, pero en BABY B se transforma en una forma de observar el presente. La belleza y la incomodidad conviven constantemente en su música, igual que lo hacen la nostalgia y el presente, la vulnerabilidad y cierta actitud desafiante. Su propuesta no busca tener todas las respuestas, sino encontrar una manera de ponerle melodía a ese momento en el que todavía estamos intentando entender qué nos está pasando.
Y quizá ahí reside una de sus mayores virtudes. BABY B consigue que situaciones muy concretas y personales terminen resultando familiares para quien escucha. Porque detrás de una canción sobre un cumpleaños decepcionante, una relación que no salió como esperábamos o la sensación de estar envejeciendo demasiado rápido aparece algo mucho más amplio. Una colección de pequeñas verdades incómodas que, convertidas en pop, dejan de pesar tanto.
